Theodosia Schrader

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Theodosia Schrader

Mensaje por Theodosia Schrader el Jue Mar 16, 2017 12:32 pm



Coven
18
Senior
Baviera
Nat Negovanlis
Theodosia Schrader
“We have never heard the devil's side of the story.”


Hay tres cosas que deberíais saber sobre Theodosia.

La primera, le dais igual. Le da igual vuestro pasado, le da igual con quién os acostéis, le da igual que os droguéis, le da igual que seáis la vergüenza de vuestra familia o su mayor orgullo. Si os mira, no estará pensando en vuestros escarceos, en vuestras desgracias, infortunios o alegrías. Probablemente esté pensando si se os habrá ocurrido alguna idea brillante a lo largo de vuestra vida. Es todo. ¿Os habéis tirado a todo el instituto, incluyendo conserje y profesorado? Enhorabuena. ¿Tenéis algún tipo de patología que os impide empatizar o pensar con claridad? Vaya. No esperéis que os trate de manera especial, porque le es indiferente. Para ella, casi todo el mundo es idéntico: masas de carne y huesos que se mueven y deambulan por su existencia intentando hacer algo con ella sin entender que, al final, todos acabarán muertos. Nadie ajeno a su familia o su comunidad le ha importado nunca lo bastante como para plantearse lo especial que puede llegar a ser su alma.

La segunda, su nombre es Theodosia. Ni Theo, ni Sia, ni Dodie, ni nada parecido. Theodosia. Si se lo acortáis, lo más probable es que os eche una maldición al llegar a casa, dado que el hecho de que se dirijan a ella con diminutivos es una de las poquísimas cosas que realmente le molestan. Es el nombre que le dio su abuela y es su mayor regalo. Su identidad, su sonido extraño, su antigüedad. Pocas veces tiene esta muchacha crisis existenciales, típicas en la adolescencia, pero cuando le sobrevienen pensamientos que sólo un filósofo muy experimentado o muy drogado podría aclarar, se contesta a sí misma: “Soy Theodosia Schrader.”

Y eso es suficiente.

La tercera, es una persona parca en palabras, que prefiere observar y escuchar a hablar. Se acostumbró a crecer en un hogar silencioso y ahora no soporta a la gente que parlotea sin parar; de hecho, es muy capaz de levantarse y marcharse sin más si la molestas con tu incesante barbotear. Cuando se comunica en voz alta, suele hacerlo con un lenguaje anticuado y con léxicos de varias sílabas, envueltos en un fuerte acento alemán, aunque gusta de hacer uso de una ironía sutil y un humor que apenas se percibe por la seriedad de su rostro. Dentro de su propia casa, acostumbra a murmurar para sí, y a veces podríais decir que está hablando sola; sin duda eso es lo que parece desde fuera. Pero ella está convencida de que está teniendo una conversación de una sola voz con su abuela o con su hermano. En algún rincón de su cabeza, le contestan, y los siente muy, muy cerca. Sabe que no la han abandonado y que, a pesar de que ella no tiene la capacidad de verlos, están ahí.

No. No hay explicación psiquiátrica para el comportamiento de esta muchacha. No padece un trastorno antisocial, ni tiene brotes de esquizofrenia, ni bipolaridad, ni está dentro del espectro autista, ni tiene depresión. Si esperabais un caso más en la lista de gente mentalmente enferma de Awesometown, os vais a llevar una decepción; Theodosia es así, y siempre ha sido así. No hay nada torcido en su cabeza. Sólo lleva aquello en lo que cree hasta tal punto que lo convierte en su realidad privada, aunque sabe muy bien que lo que es cierto para ella, probablemente no lo sea para nadie más. Hay documentos firmados por profesionales que demuestran que su cerebro funciona perfectamente, y ella los tiene guardados en caso de que alguien venga a decirle que está desequilibrada o que necesita medicación. No los culpa, y entiende su preocupación; la mayoría de la gente tiene miedo de hacerse una casa en la sombra y de hablar con quienes ya vivían allí. La mayoría de la gente camina por una línea recta de normas establecidas a las que Theodosia nunca se ha ajustado, simplemente porque jamás le ha importado la aceptación social. Ella es ella, y con quien tiene que vivir para siempre es consigo misma. Los demás son secundarios.

Eso no quiere decir que no preste atención. La gente peculiar, en concreto, le resulta interesante. La gente cuyo mundo gira del revés, cuyos relojes no marcan la hora sino los suspiros y las tormentas, la gente que ve cosas que el resto no ve… Theodosia no busca en ellos familiaridad, pero les dedica más tiempo en sus pensamientos que a otros. Y sabe ser buena amiga. Sabe ser divertida, llevando un humor oscuro y retorcido un paso más allá. Sabe consolar y dar buenos consejos, basándose más en la lógica que en su capacidad de ser empática. Lo que pasa es que no suele querer hacerlo, especialmente, no por alguien que va a terminar mirándola como si le faltase un tornillo.

Si te adentras en su vida, es porque sabes y aceptas lo que vas a encontrar. Tu acuerdo es el suyo.
Descripción Psicológica


Decían que la mujer de pelo de plata era una bruja.

Y tenían razón.

No, de sus dedos nudosos nunca salieron rayos, ni hizo crecer plantas con espinas de la nada. Pero era, sin duda, una bruja. En su oscuro caserón no había electricidad, en cada puerta colgaban huesos de animales y trozos ornamentados de cerámica que, según ella, ahuyentaban a los malos espíritus. Su cocina solía oler a hierbas y había ramilletes de especias prendidos de las paredes. Varias veces al año, el caserón se quedaba vacío, y no se sabía nada de la mujer de pelo de plata hasta que regresaba. Cada vez que lo hacía, parecía que había rejuvenecido veinte años. Todo el mundo en Rothenburg ob der Tauber conocía esas paredes ennegrecidas y ese jardín donde la enredadera subía a placer casi hasta las láminas de pizarra de las torres. Todo el mundo sabía que podían acercarse y no había peligro, pero que nunca iban a encontrar a una mujer dispuesta a hacer amigos. Todo el mundo sabía que vivía sola. Que limpiaba el polvo de esa casa vieja sola. Que arrancaba las malas hierbas sola. Los mayores del pueblo sabían, también, que esto no siempre había sido así.

La mujer de pelo de plata tenía una hija que no era una bruja. Era, de hecho, lo opuesto a una bruja. No había equilibrio en ella, la pasión marcaba sus actos, el deseo guiaba sus pasos. Madre e hija nunca se llevaron bien, y cuando la joven cumplió dieciocho años, dejó atrás esas puertas encantadas y las maneras extrañas de su madre para irse a ver el mundo más allá de ese pequeño pueblo de Baviera. Y el mundo no la recibió con los brazos abiertos, como ella había pensado, pero se las apañó para hacerse un hueco en sus carreteras y sus nubes  contaminadas. Todo lo que se alejaba de la paz era aire limpio para ella. Y los brazos más venenosos en los que pudo caer fueron, a su juicio, más su hogar de lo que nunca lo fue el caserón viejo. Amaba a esa serpiente con la locura de una tormenta.

La joven de pelo de carbón tenía veinte años cuando dio a luz a dos bebés, un niño y una niña. Si no los había arrancado de su vientre cuando tuvo la oportunidad fue porque no tenía medios seguros para ello, así que se conformó con esos nueve meses de esclavitud. Ni ella ni su serpiente querían quedárselos; demasiado centrados en morir voluntariamente como para empezar a plantearse el hecho de vivir por otros. Ella nunca pensó que tendría que volver a poner los pies en Rothenburg ob der Tauber, pero ahí estaban los dos, con sendos bultos en los brazos; la serpiente sintió curiosidad por ver más allá de los huesos y la madera, pero la joven de pelo de carbón no quiso demorarse ni un instante más de lo necesario. El niño y la niña se quedaron en el último escalón, esperando a la mujer de pelo de plata.

Ella los llamó Anselm y Theodosia, les dio su apellido, su sangre y sus conocimientos. Les dio un hogar oscuro y callado lleno de libros y de tradiciones de otra fe que rozaba los dedos de Dios y las alas de Lucifer. Les dio una educación dentro y fuera de su casa, y, especialmente, les dio libertad para ser lo que ellos quisieran ser. Anselm quiso ser un amante de los números, y Theodosia quiso ser un cuaderno infinito lleno de historias. Los dos quisieron ser conocedores de los usos de esos ramilletes de plantas que había en la cocina y de los tallos que crecían en el jardín, y ninguno de ellos quiso ser alguien que matase por placer. Unidos y separados al mismo tiempo, Anselm y Theodosia eran dos almas enteras que podían fundirse en una sola con facilidad. La mujer de pelo de plata lo veía y lo sabía, y nunca hizo nada por frenarlos. Eran su futuro, su alegría. La felicidad de los niños era la sangre que hacía latir su corazón. No iba a ser ella quien les impidiera sonreír por las mañanas.

Theodosia y Anselm aprendieron a medir el año de manera distinta a como lo hacían los niños de su clase en la escuela del pueblo. En su casa celebraban Ostara, Beltane, Mabon, Yule. Durante los primeros tres años de vida de los pequeños, eran otras mujeres y hombres quienes iban a Baviera para unirse a las celebraciones. Cuando crecieron, la mujer de pelo de plata los llevó consigo a seguir la rueda del año con una comunidad que la gente describía como “un puñado de locos, y encima, un puñado de locos que adoctrina a un par de niños pequeños, qué vergüenza.”

Nadie intentó disuadir a los vecinos de sus ideas. Anselm se molestaba más que su hermana cuando escuchaba susurros a sus espaldas, pero Theodosia siempre fue capaz de ignorar a quien no entendía. La muchacha de pelo de ónice no tenía problemas en asumir las verdades de las que su abuela le hablaba, y también sabía que la mente de las personas no era barro que se pudiera deshacer con agua. Desde una muy corta edad, comenzó a interesarse sólo por su círculo y a buscar en cosas pequeñas y detalles algo que la llenase más que una discusión por lo que era cierto o no.

Había quien prefería una carta anónima de amor en su pupitre. Theodosia prefería el tacto de la pizarra limpia de su clase y el sonido de la tiza cuando era su turno de escribir sobre ella. Le gustaba quedarse ahí en los recreos, dibujando líneas que no tenían ni sentido ni destino, simplemente por ver cómo el blanco se volcaba en el negro. Fascinada. Había quien prefería pasar las noches de sus viernes en los parques del pueblo con brebajes que deberían haber evitado. Theodosia prefería sentarse en su butaca favorita y leer poesía en voz alta con Anselm. Pararse delante de la panadería para oler los bollos recién salidos del horno. Quedarse en mitad de la calle, mirando una nube con una forma peculiar. Cazar una mariposa y tenerla encerrada en un tarro para poder apreciar bien sus detalles. Coger la mano de su hermano sin motivo aparente y quedarse apoyada contra él en profundo silencio, sin más objetivo que ese, sentirlo junto a ella. La llamaron rara, la llamaron mala, fría, loca, perturbada, la llamaron muchas cosas, y ninguna de ellas se metió bajo su piel.

“Soy Theodosia Schrader.”

Llegó a vivir unos felices quince años junto a su amado hermano y a su abuela, y en el seno de su comunidad de gente peculiar. Sin embargo, un día, ellos dejaron sus cuerpos atrás. Primero lo hizo Anselm porque su sangre se volvió blanca, y, poco después, la mujer de pelo de plata, a causa de la tristeza por haber perdido a su nieto, el agotamiento y la edad. Por primera vez, Theodosia se sintió desorientada. Hubo una sucesión de gente con traje, papeles y comunicados. Una mujer alta y rubia le hizo recoger sus cosas. Cuando Theodosia preguntó qué pasaría con la casa y los libros y los cuadros y el jardín, la mujer le dijo que podría volver a ponerlo todo en su lugar cuando fuera mayor y tuviera acceso legal a una propiedad que era, en definitiva, suya.

Tras una casa de acogida en Múnich, una despedida a su comunidad y un vuelo a los Estados Unidos, aún no se ve capaz de poner nada en ningún lugar.

Desde el pasado Octubre tiene dieciocho años, y desde el pasado Diciembre, una casa no tan vieja y no tan oscura como la de Rothenburg ob der Tauber, pero está intentando aclimatarse a ella tanto como le es posible. Theodosia eligió Awesometown como el destino de su independencia precisamente por la cantidad de cosas que ocurren en el pueblo. Sí, las noticias llegan incluso a Europa. Formalmente hablando, está un curso por debajo del que le correspondería, ya que el año en que su hermano y su abuela murieron fue un trastorno para ella y no se vio capaz de completarlo bien en Alemania, de modo que tuvo que repetir.
Historia personal


Padre:
✦ Nombre completo: Serpiente.
✦ Profesión: Desconocida.

Madre:
✦ Nombre completo: Mujer de pelo de carbón.
✦ Profesión: Desconocida.

Hermano/s:
✦Nombre completo: Anselm Schrader.
✦Profesión: Compañía eterna.

Otros familiares: Margaret Schrader, abuela. Fallecida.

Historia familiar: Opcional.
Datos familiares


Otros clubes a los que pertenece:
✦ Tolkien


Curiosidades:

✦Trabaja a media jornada en la librería que hay en el centro del pueblo, pero vive básicamente de una cuantiosa herencia que no sabía que su abuela tenía (recopilaciones de lazos familiares y negocios en su juventud); al haber fallecido Anselm también, le toca el doble, así que no tiene problemas económicos, aunque se administra muy bien el dinero.

✦Aunque en su casa hay instalación eléctrica, Theodosia no usa mucho la luz. Prefiere iluminar el lugar con velas o con el sol. No tiene televisor ni línea de teléfono fijo o Internet. Puede vivir sin esas cosas. Suele llevarse su ordenador portátil al trabajo y se conecta al WiFi de allí en caso de que necesite algo de la red.

✦Tanto su ordenador como su teléfono móvil se los regaló su familia de acogida, en un intento de modernizarla. El mayor uso que les da es para comunicarse con ellos cada poco, queriendo que estén tranquilos, que sepan que está bien.

✦El único capricho que se concede es el maquillaje. Le gusta ir siempre maquillada y con las uñas bien pintadas. También tiene una cuenta Premium en Spotify, pero eso no es un capricho, es una necesidad.

✦Pide, cada cierto tiempo, que algún u otro miembro de la comunidad de su abuela vaya a la casa con un permiso para que le envíen una caja con sus libros.

✦ Le encantan los misterios y las cosas que no tienen una explicación aparente. Cree firmemente en lo que el resto del mundo llama “sobrenatural”.

✦ Casi nunca llama a la gente por su nombre. Dado su humor ácido, siempre recurre a los motes que le vienen a la cabeza.

✦ Fue, como ya habréis adivinado, criada en la religión Wicca. Aunque mantiene las fechas importantes, ya no la practica tanto como cuando su abuela vivía. Es henoteísta; acepta la existencia de varios dioses, pero personalmente, sólo es devota a la Diosa de la Luna (que a su vez, es una unión de tres) y el Dios Astado, al que ha elegido dar la forma de un ángel caído y de alas negras.

✦ Fueron sus padres de acogida quienes la llevaron a psicólogos y psiquiatras para comprobar si le pasaba algo en la cabeza. Gracias a ellos, Theodosia puede extender las pruebas de que no es así.

✦ No tiene muy claro si quiere seguir una carrera profesional universitaria; este año de soledad en Awesometown es, para ella, un periodo de reflexión sobre su futuro. Una de sus opciones es regresar a Alemania y establecerse en el viejo caserón de su abuela y dedicarse a lo que se dedicaba ella. Sin embargo, también le gustaría estudiar criptozoología, así que está muy indecisa.

✦ Es bisexual demirromántica. Ha tenido relaciones íntimas con chicos y con chicas, pero sólo ha estado enamorada una vez. La primera vez que se acostó con alguien, estuvo pensando en Anselm todo el rato.

✦ A pesar de ser una ávida lectora y no faltarle inteligencia, no es buena estudiante. Le da mucha pereza el sistema de memorizar por memorizar para luego vomitarlo todo en un papel. No quiere que un número determine su validez.

✦ Debido a su rimbombante y anticuada forma de hablar, a veces se inventa los mejores insultos del mundo.

✦ Está completamente desactualizada en cuanto a cine y series, lo que hace que no entienda muchas de las referencias que oye a lo largo del día.
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Re: Theodosia Schrader

Mensaje por El Instituto el Jue Mar 16, 2017 9:05 pm

Parece que sabes escribir... está bien. ¡Aceptado en Random High School!

No olvides hacer los registros correspondientes. ¡Gracias!
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